Aviso Previo Importante

Estos días voy a realizar una pequeña crónica resumida de mi viaje a la República Popular Democrática de Corea, comúnmente conocida como Corea del Norte (aunque es una denominación que a ellos no les gusta, porque consideran que Corea es solo una y no hay “norte” ni “sur”, la utilizaré porque es la denominación más común en nuestra sociedad, sin ánimo de ofender a nadie).

Sé que es una cuestión muy controvertida, y ya cuando puse un par de menciones sobre que iba a visitar el país hubo algunas respuestas radicales, incluso desagradables, tanto hacia un sentido como hacia el otro. Incluso alguna crítica hacia mi persona, sin tener ni idea de por qué hice este viaje, con qué objetivos, con qué cuestiones morales ni con qué ideas en mente.
Mi intención es realizar un relato todo lo neutral posible de mi viaje, sin incurrir en juicios de valor. Solo expresaré lo que he visto y vivido. Sobre lo que no he visto y vivido, no puedo opinar porque estaría entrando en el terreno de la “opinión infundada”. Obviamente tengo opiniones e hipótesis propias, pero intentaré que no reluzcan demasiado, es decir, pretendo conseguir el máximo de objetividad. Ni apoyo ni reniego del sistema y la sociedad de Corea del Norte: ellos tienen su forma de pensar, su organización interna y, al menos para todos los norcoreanos que conocí allí, se trata de un sistema al que ellos se adhieren plenamente y que consideran mejor que los demás que imperan en el mundo.
Tengo mucho trabajo acumulado y hago esto por amor al arte y por ganas de compartir parte de lo que he vivido. Habrá muchas cosas que me dejaré en el tintero, impresiones personales sobre todo, que compartiré solo con personas de confianza en contextos que yo considere adecuados. Facebook, y menos mi muro donde tiene cabida todo tipo de gente porque así lo he querido yo y que básicamente tenemos el denominador común de un profundo amor por Japón, no es un lugar en el que yo esté dispuesto a discutir con nadie sobre una serie de cuestiones o ideas. De nuevo, públicamente puedo contaros cosas objetivas, pero las subjetivas me las guardo para mí y mis allegados. Espero que respetéis estas pequeñas “normas” porque no quiero tener que lidiar con discusiones ideológicas en mi muro: de hecho, ya aviso ahora, cualquier comentario fuera de tono, tanto hacia un lado como hacia el otro, será ignorado y/o borrado. 

 

 

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SALIDA DE COREA DEL NORTE: DÍA 8 – 14 de septiembre 2018

La última noche en Pyongyang la paso muy mal; me cuesta dormirme y me desvelo a una hora absurda. Supongo que se trata de los nervios de la partida y esa pregunta de “¿habrá algún problema en el control de equipajes o pasaportes?” que te cala en la mente y en el cuerpo, lo quieras o no. Porque todo el mundo que sabe que has ido a Corea del Norte te ha dicho, previamente a realizar el viaje, que tengas mucho cuidado, que ahí todos son considerados espías en potencia y por lo tanto cualquier mínimo desliz te puede costar caro, etcétera, etcétera. Dicho todo medio en coña, medio en serio. El caso de Otto Warmbier no ayuda precisamente. Como me desvelo de madrugada, me pongo a realizar múltiples backups de mis fotos y el diario que he ido escribiendo, y distribuyéndolos en distintas partes del equipaje por si acaso. En plan paranoico total.

Tengo que decir al respecto que he estado toda la semana muy cómodo y en ningún momento me he sentido vigilado ni nada de eso, pero entre este tipo de mensajes y que el hecho de no poder salir sin acompañamiento de guía y demás, al final hace que en la cabeza se te forme una especie de neblina y que se instale una sensación extraña de opresión en el pecho. Supongo que eso es lo que me pasa esta noche. Repito que no tengo ningún tipo de sensación negativa en cuanto al trato recibido, pero también confieso que, en el momento en el que el avión despega de la pista y dejamos atrás primero la propia ciudad de Pyongyang y después RPD Corea, la sensación de alivio es grande.

No voy a adelantarme más al relato, aunque tampoco voy a contar grandes cosas más. Quedamos para salir a las 6 AM del hotel y el viaje hasta el aeropuerto, claro, se realiza de forma muy fluida porque sencillamente no hay atascos de tráfico en Pyongyang. Nos sobra un montón de tiempo en el aeropuerto y tampoco podemos facturar todavía las maletas, porque el personal de tierra está ocupado con la facturación de los dos vuelos anteriores, uno a Pekín a las 8:00 y el otro a Vladivostok a las 8:30. Después de estos dos vuelos, el nuestro a las 9:00 y después otro por la tarde, de nuevo a Pekín. Ninguno más. Para ser el de toda una capital de país, este aeropuerto tiene menos tráfico que el de Murcia, comenta uno de mis compañeros de viaje.

Se va acercando la hora de la salida del avión y ni siquiera hemos facturado, pero nadie se pone nervioso. Todo parece estar bajo control. Finalmente facturamos de forma muy rápida, pasamos el control de equipaje de mano y pasaportes también de forma absurdamente rápida, y directamente embarcamos al avión, sin esperas ni colas. Ha sido la vez en la que he embarcado de forma más cómoda y fluida en toda mi vida. Los controles han sido sorprendentemente laxos. Ni siquiera han comprobado si llevaba todos los dispositivos (incluido el reloj de running con GPS del que apuntaron la referencia el primer día) ni nada de nada de nada. Yo preocupadísimo y al final ha ido todo como la seda. Imagino que no es lo habitual tampoco y que esta vez están siendo más laxos debido a que, por los fastos del 70º aniversario de la República, habrán recibido órdenes de agilizarlo todo y presentar una cara lo más amable posible. No lo sé. Supongo que debería realizar otro viaje en una época más “normal” y ver las diferencias. En todo caso, el contraste con los controles en el aeropuerto de Pekín, más tarde, para subir al vuelo hacia Barcelona, es brutal. En Pekín hay largas colas, malas caras, gritos y exhaustividad absurda del personal de seguridad. Un coñazo, hablando en plata.

El vuelo en sí vuelve a ser tan plácido como a la ida y vuelven a servir la hamburguesa Air Koryo. Esta vez me toca asiento de ventana y el cielo está muy despejado durante unos 200 km más o menos, calculo. Me paso un buen rato mirando por la ventana y sacando fotos. Por la ventana se puede ver un paisaje muy agreste y bonito, con muchas montañas, bosques y ríos. Las pocas poblaciones que se ven parecen muy ordenadas y, a simple vista, desde luego no parecen poblados de chabolas. Son casas y bloques de pisos de aspecto modesto, pero no veo ningún indicio de que nadie esté viviendo en la miseria. No he visto ni uno en todo el viaje. Cierto que me han mostrado solo una cara del país, la que ellos han querido, pero hay varios indicios que me hacen dudar de la clásica afirmación de que todo en RPD Corea es una gran fachada y en realidad el pueblo vive oprimido y en la miseria (lo de la miseria era así en los años 90, con el brutal y desolador cuadro de hambrunas que tuvieron por culpa de muchos factores, todos a la vez). Por ejemplo, lo que he visto con mis propios ojos: no solo lo que me han querido enseñar, sino también el trayecto hacia la DMZ, el propio paisaje desde la ventana del avión y la “calle feísima” por la que nos llevó el taxista el día 12 y por la que claramente no deberíamos haber pasado. Por otro lado, la interesante conversación con el reportero de la CNN que ha estado 19 veces en Corea del Norte y ha estado en lugares vetados a los visitantes internacionales debido a que estaba cubriendo según qué noticias: él me decía que nunca ha visto a RPD Corea como un país boyante al nivel occidental, pero que ha visto mucha menos pobreza y miseria que en otros países con infinita mejor fama. No lo sé. Os juro que soy un mar de dudas.

No defiendo ni la ideología ni el modo de hacer de RPD Corea, y hay cosas que me parecen muy extrañas (para decirlo de forma suave), pero me gusta ponerme en situación todo lo neutral posible y analizar según qué cosas desde ese punto de vista. Y, en este caso, debo decir, de nuevo, que no he visto ni un solo indicio de que RPD Corea sea ni el paraíso utópico de los trabajadores que dicen por un lado ni el miembro diabólico del eje del mal que dicen por el otro. Es un país extraño, ciertamente muy diferente, con gente muy tozuda que cree firmemente en una serie de ideas y, lógicamente, muy desconfiada hacia el extranjero occidental (y con razón, me atrevería a decir). Es una anomalía en el mundo en el que vivimos actualmente, tal vez el país más diferente, en estos momentos, del globo. Y me ha encantado conocerlo. Y me ha dejado con ganas de más. Porque, ahora que he visto una faceta del país con grandes fastos, coreografías inmensas y muchísima dedicación y atención al detalle, no puedo dejar de preguntarme: ¿cómo será visitarlo en una época más anodina? ¿Veré las mismas cosas (salvo los fastos, claro)? ¿Me tratarán igual? ¿Estará todo tan limpio y reluciente? ¿Estará la gente, y los controles, más bordes? Preguntas que solo pueden contestarse en un eventual segundo viaje.

Volviendo al avión, a mi lado se sienta una periodista de un importante periódico de Suecia y entablamos una interesantísima conversación. Ella ha estado exactamente los mismos días que yo en Pyongyang y es sorprendente comprobar que su programa de visitas es prácticamente calcado al mío. Si nuestro grupo visitó un hospital oftalmológico, el suyo visitó uno especializado en traumatología. Si nosotros fuimos a una escuela de magisterio, ellos visitaron una escuela de primaria. No sé, ligeras diferencias, pero básicamente lo mismo. Es decir, a los periodistas les han mostrado exactamente lo mismo. Es curioso porque acabamos nuestro viaje con una serie de impresiones y pensamientos que, al ponerlos en común, resultan ser extremadamente parecidos. Su sensación, como periodista que venía a cubrir un gran evento, es exactamente la misma que la mía, que había venido simplemente para verlo y vivirlo. No deja de llamarme la atención.

¿Por qué nos han mostrado lo que nos han mostrado? ¿Qué es lo que no han querido mostrarnos? ¿Por qué? ¿Qué hay exactamente fuera del circuito tan cerrado en el que mueven a los visitantes extranjeros, incluidos a los periodistas (no tan especializados como el de la CNN)? La verdad es que no lo sé. Pero tengo la sensación de que, el día en el que algo cambie y los extranjeros podamos movernos libremente por el país, podremos entrar en todas esas tiendas y restaurantes que entreveíamos desde la ventana del bus, y llegar a esos barrios y pueblos actualmente totalmente cerrados al turismo y pensaremos… ¿“Para esto tanta parafernalia y tanto secretismo”? El modo de hacer de Corea del Norte, asignando a dos guías obligatoriamente para un grupo (o incluso viajero en solitario), impidiendo el acceso a la moneda local, cerrando el circuito de visitas a unos pocos puntos seleccionados, etcétera, es el mismo que imperaba en muchos países del área de influencia soviética antes de la caída del Telón de Acero. Una vez producida esta caída y habiéndose abierto cada uno de estos países al turista, realmente ¿tanto se nos escondía en la Unión Soviética, por ejemplo? No hablo de edificios oficiales ni de bases militares, obviamente. Esto es harina de otro costal. Hablo de poder pasear por donde sea, entrar en la tienda que sea, comer en el restaurante que te apetezca y demás.

De nuevo, un montón de “no sés”. Venía con muchas preguntas e incógnitas a este viaje. Y me voy con, creo, muchas más de las que traía a la ida. No lo digo a malas, sino al contrario. Es un país, un sistema y un modo de pensar tan absolutamente distinto a lo que conocemos nosotros que no dejas de hacerte preguntas todo el rato. Y, por la idiosincrasia del país y su gente, las respuestas que puedes obtener a según qué preguntas, si las obtienes, son a menudo ambiguas o directamente no cuadran con la realidad… cuando no haces la misma pregunta a dos personas, por separado, y obtienes dos respuestas totalmente diferentes. Como viaje de “darle al tarro”, sin duda es inigualable. Y me encanta.

Sobre otra cuestión de la que se ha hablado mucho durante esta crónica: una eventual reunificación de Corea. Obviamente, una reunificación debería ser posible y evidentemente deseable. Son un mismo pueblo, con las mismas raíces, mismo idioma, misma historia, mismas costumbres, mismo imaginario… ¡son familia (y en ocasiones de forma literal, hay familias que quedaron separadas durante la guerra y no han podido volver a verse ni prácticamente tener contacto, ¡es estremecedor solo de pensarlo!)! que trágicamente se han visto separados. Pero ahora, 70 años después de esos hechos que llevaron a la separación, estamos ante dos Coreas que muy poco tienen que ver entre sí salvo esas raíces de las que hablo. Una reunificación coreana puede ser un asunto tan brutalmente complicado que, sin ser inviable, sí es verdad que presenta una cantidad ingente de retos. Si la reunificación se produce bajo el sistema (a veces propuesto) de “un país, dos sistemas”, con cada parte manteniendo su modo de hacer las cosas (como China con Hong Kong y Macao), la integración sería muy lenta, exasperadamente lenta, me atrevería a decir. Si se produce por asimilación (violenta o no) de una de las dos partes sobre la otra (como Alemania), la tarea de de nivelación del país entero a un estándar concreto será potencialmente no solo muy complicada, sino además brutalmente dolorosa. Son dos modos totalmente antagónicos de hacer las cosas, de relacionarse con el mundo, de vivir… Homogenizar algo así es una tarea titánica. Y más lo será cuanto más tiempo vaya pasando. Ya han pasado 70 años, ¿cuántos más tendrán que pasar?

Estoy muy contento de haber podido realizar este viaje. No solo por lo visto y vivido, que ya me parece de por sí espectacular y jamás habría imaginado algo así; sino también por el grupo que me ha tocado, tan sumamente interesante y con tan magnífico humor; y a los organizadores, que han estado siempre atentísimos y lo han hecho todo de forma impecable. También estoy muy contento de haber ido poniendo por escrito mis pensamientos y vivencias durante el viaje: esos escritos me han servido de base para realizar esta crónica “en abierto”. Y estoy contento de haber plasmado todo in situ porque, una vez aterrizado en Pekín, os juro que la sensación de volver a un mundo de ruido, suciedad, polvo, humo, neones, publicidad, gritos y consumismo exacerbado me hace tener una sensación brutal de irrealidad con respecto a todo lo vivido en Corea del Norte. Ah, y cuando por fin conecto el móvil a la red, ¡lo que ocurre en la pantalla, con todos los mensajes y menciones cayendo a la vez, es espectacular! Una semana entera sin ningún tipo de conexión a nada es lo que tiene, supongo.

Con esta entrada doy por finalizada la crónica del viaje a Corea del Norte. Espero que os haya gustado y hayáis aprendido un montón de cosas que desconocíais. He realizado esta crónica de la forma más neutral posible, como decía en el primer post, aunque sin poder evitar poner sobre la mesa algunas preguntas y sensaciones que he tenido que, inevitablemente, escoran más hacia un lado que hacia el otro. Más que para el gran público, he realizado esta serie de posts para mí mismo, para tener una crónica bien detallada sobre este viaje tan especial, sin duda el más especial que he realizado hasta la fecha por el país del que se trata y, además, las circunstancias que me he encontrado. Me ha gustado mucho compartirlo con todos vosotros. ¡De nuevo, espero que os haya gustado!

Fotos:

42878927_10217396644448885_4770522988594331648_nEn Corea del Sur no pasa tanto y generalmente los mapas solo muestran del paralelo 38 hacia abajo, pero en Corea del Norte todos los mapas muestran siempre a Corea entera y con capital en Pyongyang. Seúl es una población más.

42855817_10217396643168853_1728774527627821056_nCorea del Norte desde el cielo.

42873585_10217396641288806_2893979922169069568_nEl avión que iba a Vladivostok.

42907331_10217396641128802_7312715956457832448_n

42922943_10217396643248855_1413324474115162112_nCorea del Norte desde el cielo.

42947460_10217396642888846_9142301514075734016_nAviones (¿de carga? ¿de pasajeros? ¿en uso? ¿en desuso?) aparcados en el aeropuerto de Pyongyang.

42965536_10217396644888896_4568384055069900800_nUno de los magníficos pósters pintados a mano (!!) que me traje como souvenir. ¡Qué pasada!

42966963_10217396644368883_6802625655902044160_nUn tesoro conseguido tras insistir mucho: billetes actuales de RPD Corea, de 5000 y de 500 wones.

42986553_10217396643888871_328745743252717568_nCorea del Norte desde el cielo.

42990372_10217396641368808_2764749995524489216_nEl tráfico en el aeropuerto de Pyongyang.